19 de enero de 2010

Entre la tenue luz de Warhol, y el espejo del baño...

(…) muchas son las prácticas que permanecen ocultas en la sombra debido a que no nos hemos puesto ante el espejo y hemos valorado lo importante que pueden resultar para los que nos rodean. pero no sólo eso. muchos son los sentimientos que no tienen voz a causa de que hemos sido incapaces de mirarnos profundamente y sorprendernos de todo lo que llevamos dentro de nosotros.

y es que, mirarse al espejo, de manera literal y metafórica es una de las cosas más bellas que existe en la vida. cuando nos levantamos y vamos al baño, a veces pasamos desapercibidos por nuestro propio reflejo e imagen que queda proyectada en el cristal. de la misma manera que a veces existen personas que pasan por nuestra vida y que nos dejan una huella que luego nosotros, con el paso del tiempo, somos capaces de percibir.

volver al espejo del lavabo y mirarse forma parte de un primer paso que genera preguntas sobre nosotros mismos. ¿soy capaz de educar?, ¿estoy preparada para ello?, ¿soy feliz?, ¿cómo me veo?, ¿qué quiero realmente?... cada mañana me miro al espejo e intento sonreírme a mí misma, desearme un gran y precioso día para empezar con buen pie la jornada que se inicia. si luego no acaba como empieza, es otro tema, pero lo importante es darse ánimos a uno mismo, ser un propio espejo donde reflejarnos, donde dejar también que los demás se reflejen y se vean tal y como son, despojados de su realidad y de las máscaras que la sociedad nos ayuda a poner para obtener aquél resultado que esperan los demás de mí.

y cómo no, el primer día de clase me miré. me remiré unas cuantas veces antes de partir hacia la escuela. pero no me contenté a mí misma y debí hacerlo cada mañana justo antes de que empezara a oír a los niños que corrían alborotados por aquellas escaleras cuyos peldaños eran suficientemente anchos como para saltar y brincar de alegría. a toda prisa me solía preguntar en qué parte de mi memoria estaban aquellos conocimientos pedagógicos que debía emplear, dónde había dejado aquellas estrategias didácticas que tanto había trabajado en la carrera y que debía poner en práctica. estaban a punto de llegar a la clase cuando me observé, me sentí de nuevo y me di cuenta que debía dejar de juzgarme, debía dejar de pensar en lo que debía ser, para centrarme más profundamente en mí misma, en mi vida y en mi experiencia. porque, al fin y al cabo, eso era lo único que era capaz de transmitir. y no por ello era poco. de hecho, algunas personas creen que no importa saber mucho sobre las materias, porque la buena enseñanza se halla en el cómo (más que en el por qué).


2 comentarios:

  • Novalis86 dijo...

    Aquesta mateixa sensació vaig tenir al mirar-me a l'aigua cristal·lina de l'Amazones...
    Ens veiem d'aquí ben poc,

    Anónimo dijo...

    Eres capaz de todo lo que te propongas, y mucho más.
    Sólo necesitas aquellos ingredientes que siempre te acompañan: esfuerzo, trabajo, constancia, humildad, inteligencia, madurez y buen humor!
    Y éstos no lo verás en el espejo de tu baño...
    *LaU*

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