19 de noviembre de 2009

Pobre aprendiz y paupérrima aprehendiz

Llegué cansada de toda la jornada pero sabía de debía hacerlo. preparé un té negro y encendí la pequeña lámpara de la habitación. abrí el libro y empecé a leer. nunca me ha gustado dejarme imbuir por las novelas a media noche, prefiero los trayectos de metro, tren, autobús e incluso ir caminando por la calle y tropezar con líneas interesantísimas de autores recónditos. adoro a la gente que lee por la calle, siempre me han resultado personas dignas de ser conocidas. adoro también a la gente que lee en el metro un buen libro, una Ana Karenina o del estilo. a ellos y a ellas les adoro un poco más (porque parece que hasta tienen buen gusto literario).


recapitulo. encendí la lamparilla y sólo vi una palabra entre tantos párrafos: aprehender. la mente viajó sola, y se llevó al corazón. me vi en mi primer año de carrera, entre apuntes, incertidumbre y nerviosismo. entraba en la universidad y no sabía lo que significaba aquella palabra, ¿estaría mal escrita? aprender era el proceso de adquirir habilidades, conocimientos, valores, a través del estudio o la enseñanza. yo aprendí a montar en bici, a memorizar las maravillosas poesías de Miguel Hernández…, pero no sé si llegué a entender y a asimilar todo eso de manera inmediata (es decir, si también las aprehendí).


imaginé que el chalado de Aristóteles me tomaba de la mano. me agarré fuerte del pensamiento occidental. debía hacerlo para entender lo que significaba aquél vocablo: aprehender a través de la experiencia…


sí; a lo largo de mi vida he aprehendido muchas cosas. respiré profundamente y sentí que era una de mis palabras favoritas. me di por satisfecha. cerré el libro y me dispuse a soñar.

11 de noviembre de 2009

marrón oscuro casi mierda

si Kundera levantara la cabeza y se asomara por aquella roñosa ventana del Café, miraría a su alrededor y no dudaría en pronunciar aquella noción sentimental que había surgido dos siglos atrás y que, con rapidez, se había expandido por todo el mundo.

kitsch.

lo repetiría varias veces para autoconvencerse de su significado metafísico. cerraría los ojos pensando en las idioteces hipócritas que los seres humanos tomamos como hechos esencialmente inaceptables. pondría la palabra mágica en boca de Tomás, o incluso de Teresa, y dejaría caer la noche hasta que su levedad se apoderara de él y del rincón de aquél antro.

PECB


esta semana abre de nuevo sus puertas el Projecte Educatiu de Ciutat de Barcelona. este instrumento de gobierno se encuentra enmarcado en la participación ciudadada, la planificación estratégica y la corresponsabilidad social en la educación (formal, no formal e informal). desde esta perspectiva, se intenta reunir a diversas entidades que asumen el compromiso ciudadano para una educación al servicio de la cohesión social.


veremos de qué manera nos sorprenden…





7 de noviembre de 2009

el principio del comienzo...


me gusta empezar así los temas que han resultado más trascendentales en mi recorrido por la vida.

en la sociedad en la que vivimos parece que todo tiene un inicio, un por qué, una justificación cuadriculada que define (o debería hacerlo) las actitudes tomadas. pero no siempre es así.

por suerte, hay algo que está más allá, que vuela y se nos escapa. algo que nos empuja a hacer determinadas cosas sin saber muy bien por qué. y, ese algo, es lo que hoy me ha acompañado en el inicio de este artilugio que, espero, sirva para algo-alguien.